Los fundamentos del autor

Eduardo Jorge Arcuri, autor en narrativa y dramaturgia.

eduardo jorge arcuri

Podremos echarle culpas al Destino, a Dios o a quien sea, pero las jugarretas de la vida, siempre apuntan hacia donde nuestro ADN nos lleva. Muchas veces me negué a ser escritor por que en mi familia consideraban esta profesión como un recurso de vagos nostálgicos e inmaduros, incapaces de sostener un hogar “como Dios manda”. Reconozco mi clandestinidad por las censuras familiares y hasta por mis propias culpas encubiertas. Pero debiendo pagar un alto precio por ello, la vida me dio la oportunidad de comprender quien soy en realidad, y no me arrepiento de nada.

Así que mis queridos colegas, no dejen que los asalten los prejuicios y dedíquense a estudiar, leer y escribir sobre lo que más les plazca. Lean y escriban… lean y escriban… que es así como se construye esta profesión. Muestra de ello cuento cómo y porqué llegué a esta certeza.

Como llegué a ser escritor:

Siendo hijo de escritor y nieto de otro…

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Importante artículo de Mariana Eguaras

Bases de concursos literarios: dónde poner el ojo (y todos los sentidos)

Por el 25 may, 2015 | 6 comentarios

Participar en concursos literarios puede ayudar a un autor a salir del anonimato y lograr que una editorial publique su novela. Lo que muchos autores desconocen es qué implica su participación en distintos concursos literarios, qué derechos están cediendo sobre su obra y qué consecuencias puede tener esta participación en el futuro.

Cierto es que participar en concursos literarios organizados por escuelas de escritores, pequeñas editoriales o pequeñas entidades no es lo mismo que aquellos organizados por sellos editoriales reconocidos y grandes grupos editoriales. Es necesario considerar los matices, el alcance de unos y otros concursos, y el lector sabrá juzgar cuándo lo dicho a continuación aplica a uno y a otros.

Hay concursos y concursos, sí, pero todos más o menos poseen los mismos objetivos. Fomentar los valores literarios, promover la escritura como medio de creación y comunicación y expresiones similares son frases muy bonitas y es elegante incluirlas en las bases de un concurso. Pero la editorial es una empresa y como empresa necesita obras para convertirlas en libros y que esos libros se vendan. Por tanto, sin dejar de lado los valores altruistas que motivan la organización de un certamen literario, también debes saber que los objetivos —totalmente lícitos— de los concursos literarios se centran en:

  • Publicitar un sello o editorial: lograr difusión de una casa editora o sello editorial, tanto entre los autores como entre los lectores, y hacerse (más) conocidos. Crear concursos literarios siempre es un buen gancho para hacer promoción de la propia editorial, empresa o institución.
  • Conocer nuevos autores: es una manera habitual de acceder a obras inéditas y que lleguen a la editorial sin necesidad de salir a buscarlas. Los propios autores envían las obras siguiendo unas pautas que facilitan el trabajo de la editorial a la hora de realizar la selección.
  • Captar clientes: algunos concursos literarios están pensados para conseguir clientes. Una obra es premiada pero todas las demás son susceptibles de ser publicadas si el autor paga por los servicios editoriales (ver editoriales de coedición). Como la intención de publicar por parte del autor es patente, resulta más fácil conseguir clientes a través de un concurso que salir a buscarlos.

Bases de concursos literarios: dónde poner el ojo (y todos los sentidos)Este último caso también es lícito, siempre que el concurso no se organice con la intención del timar a los autores; es decir, con premeditación y alevosía. (*)

También es público y conocido que muchos concursos literarios están resueltos de antemano, que el sello o la editorial sabe quién será el ganador antes del fallo del jurado. El concurso en sí tiene como objetivo primordial pre-promocionar el libro ganador, calentar motores para cuando el libro esté a la venta e inundar los medios con la noticia. (**)

No es contraproducente participar en concursos literarios, siempre que leas y, sobre todo, comprendas todas y cada una de las cláusulas de las bases de participación. De esta forma, sabrás el recorrido que tendrá tu obra y cómo podrás disponer de ella en el futuro.

Bases de concursos literarios para tener muy muy en cuenta

Cuando lees las bases de los concursos literarios en los que te interesaría participar debes prestar atención a cada una de las cláusulas que componen esas bases, porque puede que estés hipotencando la gestión de tu obra por muchos años.

Para no hacer una entrada más extensa, me limitaré a señalar aquellos puntos o cláusulas de los concursos donde debes poner especial observación si quieres participar:

  • Obra original: parece redundante, pero aclararé que la obra debe ser original, producto de la imaginación del autor y no copia o reinterpretación de otra. No valen para este caso las obras de dominio público revisadas o anotadas.
  • Obra inédita: una obra inédita es una obra no publicada. Esto significa que no puede haber sido publicada anteriormente por una editorial, pero tampoco autopublicada. Por ejemplo, una obra publicada enAmazon KDP no podría participar en un concurso que establezca como condición que la obra sea inédita.
  • “Autor inédito”: cuando encuentres la frase “que el autor no tenga ninguna novela publicada con anterioridad” se aplica la misma variable que para el punto anterior. Ninguna novela publicada incluye las publicadas por cuenta propia; nada de Amazon, Bubok, Nook, Kobo, etc. Esta cláusula es habitual y de obligada inclusión cuando los concursos literarios son organizados por agencias literarias, ya que su principal interés reside en representar autores y si no han publicado, mejor.
  • Representación y agencia: deriva directamente del punto anterior y hace alusión a que si ganas el concurso pasarás a ser representado por un agente literario o agencia.
  • Participación/premiación en otros concursos: hay concursos que no permiten la participación de una obra que haya sido premiada en otro concurso, y hay otros concursos que no permiten la participación de una obra que haya participado en otro concurso. Es decir, hay que prestar atención a esta diferenciación de palabras.
  • “Participante”/”Ganador”: aplica el mismo criterio que el punto anterior. “Los autores participantes aceptan ceder…” significa todos los que participan en el concurso, no solo el ganador. Puede suceder que solo por participar en un concurso tu obra quede anulada para presentarla en otros.
  • Formatos y soportes: si el concurso establece “…ceder los derechos de edición sobre la obra en cualquier formato o soporte y canal conocido”, significa que cedes todas las modalidades de ediciónexistentes para la obra en papel (trade, tapa dura o hardcover; rústica o paperback; de bolsillo; de texto; edición especial; para quiosco, etc.). Y también para las diferentes modalidades digitales (libro electrónico, aplicaciones, etc.), además de las audiovisuales (cine, TV, radio, etc.).
  • Territorios geográficos y lingüísticos: la terrible frase “para todos los países y lenguas del mundo” significa exactamente eso, aunque parezca un despropósito: para todos los países del mundo y todas las lenguas existentes —hay unas 200 naciones en la actualidad y más de 6.900 lenguas en todo el mundo—. Más información en Cómo detectar un contrato de edición abusivo.
  • Derechos derivados: si además de las modalidades de edición anteriores el concurso alude a la cesión de los derechos derivados, significa que estarás dando tu permiso para que la editorial explote tu obra traduciéndola, adaptándola y transformándola.
  • Tiempo de la cesión de derechos: si las bases del concurso especifican los años es fácil, ese es el dato. La duda se presenta cuando aparece un párrafo como este: “por todo el período de vigencia de los derechos de Propiedad Intelectual“. ¿A qué periodo se refiere? ¿Al periodo que abarca la vida del autor y 70 años después de su muerte? No, por suerte, porque sería el colmo de abuso. Por tanto, el periodo es de 15 años, el máximo tiempo que establece la Ley de Propiedad Intelectual para un contrato de edición.
  • Promoción: en caso de resultar ganador de un concurso y este incluya la cláusula “el autor se comprometerá activa y personalmente en la promoción de la obra ganadora que la Editorial estime necesaria” deberás estar disponible para la editorial y realizar todas las acciones de marketing que esta te proponga.
  • “Cláusula remate”: precaución con cláusulas como estas: “la editorial se reserva el derecho de obtener la cesión para la explotación en cualquier modalidad de las obras que, presentadas al Premio y no habiendo sido galardonadas, pudieran interesarle, siempre que comunique al autor correspondiente dicha decisión en el plazo máximo de X días hábiles a contar desde la fecha en que se haga público el fallo del Premio. El autor se obliga frente a Editorial, en el supuesto de recibir dicha comunicación en el plazo indicado, a ceder, en las condiciones que se establezcan, los derechos de explotación de su obra”. Esto significa que si has presentado una obra al concurso, no has ganado pero la editorial te notifica que está interesada en obtener los derechos de esa obra, estás obligado a hacerlo, tendrás que ceder los derechos de explotación de tu obra a la editorial, te guste o no, porque es una de las condiciones de las bases.

Debes saber que las bases de un concurso no son negociables, son como las lentejas… Es un paquete cerrado: aceptas todo lo que está asociado a él o no participas en el concurso. Además, todos los premios de los concursos literarios constituyen un adelanto por publicar una obra. Para entendernos con claridad: es un adelanto en concepto de derechos de autor emperifollado de premio, un adelanto por el que tendrás que facturar y declarar como ingreso.

Si quieres estar al día de los concursos literarios, no te pierdas Guía de concursos, de Javi de Ríos.

Bases de concursos literarios: dónde poner el ojo (y todos los sentidos)

(*) Información al respecto en Cómo estafar a los escritores: Concursos, premios y editoriales de las que hay que cuidarse, y en los comentarios de esta misma, algunos muy jugosos e informativos.

(**) Este es, por ejemplo, el caso del famoso Premio Planeta. Y no lo digo yo, sino gente que sabe mucho más, como La Patrulla de Salvación,aquí, aquí aquí, más un extra de un premio del otro gran grupo editorial aquí.

Base gráfica de las imágenes: © Freepik

Los fundamentos del autor

Podremos echarle culpas al Destino, a Dios o a quien sea, pero las jugarretas de la vida, siempre apuntan hacia donde nuestro ADN nos lleva. Muchas veces me negué a ser escritor por que en mi familia consideraban esta profesión como un recurso de vagos nostálgicos e inmaduros, incapaces de sostener un hogar “como Dios manda”. Reconozco mi clandestinidad por las censuras familiares y hasta por mis propias culpas encubiertas. Pero debiendo pagar un alto precio por ello, la vida me dio la oportunidad de comprender quien soy en realidad, y no me arrepiento de nada.

Así que mis queridos colegas, no dejen que los asalten los prejuicios y dedíquense a estudiar, leer y escribir sobre lo que más les plazca. Lean y escriban… lean y escriban… que es así como se construye esta profesión. Muestra de ello cuento cómo y porqué llegué a esta certeza.

Como llegué a ser escritor:

Siendo hijo de escritor y nieto de otro escritor por parte de madre, he conocido la profesión por sus consecuencias. Ninguno de los dos personajes sanguíneos me dejó una recia imagen de cómo sostener un hogar, con la solvencia económica que se supone, debía corresponder a toda familia burguesa.

Aunque me tentaba leer y escribir, siempre lo hice a escondidas y con sentimiento de culpa; el mandato era “trabajar”. Leía todo el tiempo y escribía a escondidas por temor al reproche del que habían sido víctimas tanto mi padre como mi abuelo materno, considerados por la familia, como un par de vagos inconscientes.

Hice mi secundaria en una escuela técnica que me asegurara tener un oficio rentable, y al cabo de seis años, me recibí de técnico electromecánico, no obstante, seguía escribiendo y leyendo mucho más que libros industriales. Dejé Filosofía y Letras para seguir carreras técnicas universitarias y hasta trabajé en el escalafón científico técnico del Instituto Nacional de Tecnología Industrial. En todo momento seguí escribiendo “para consumo interno”, según me justifiqué muchas veces.

Con los años y mis experiencias en el área de la Física Mecánica, tuve mi propia empresa. La crisis económica que comenzó en 1996 y explotó en el año 2001, en Argentina, hizo que nos fundieran mis clientes deudores. Enfermé por la bronca y la impotencia que me producía la corrupción y los políticos inoperantes de entonces. Una afección medular me dejó cuadripléjico en cuestión de semanas. Estábamos fundidos y sin obra social. Internado en terapia intensiva de un hospital público, la embarré peor sufriendo un infarto agudo de miocardio. Todas estas convalecencias me dejaron al borde de la muerte siendo un hombre joven aún.

Por amor a mi mujer y el sostén de mi familia, conseguí no entregarme y después de un largo tiempo, pude salir del hospital en silla de ruedas. Había recuperado miembros superiores, pero mis piernas ya no podían caminar. No creo en dioses, pero sí debo reconocer que estas circunstancias me llevaron a tener que sobrevivir de la escritura. Con mi silla de ruedas podía enfrentarme al ordenador y volcar en él miles de palabras en historias secretas. Conseguí trabajo en una editorial para escribir gratis artículos en unas revistas literarias. Yo estaba justificado, siendo discapacitado motriz, nadie podía reprocharme sentarme a escribir después de mis ejercicios de rehabilitación. Pasaba horas leyendo y escribiendo. Ni yo mismo podía culparme de ser un vago bohemio, todo lo tenía justificado. Hice muchos cursos por Internet y busqué capacitarme en esta negada profesión. Para cuando recuperé la motricidad en miembros inferiores, y por fin pude aprender a caminar otra vez, proseguí mis trabajos técnicos, pero esta vez como asesor. Mientras tanto, mi nuevo empleo de escritor había comenzado a dar sus frutos y pude seguir con ambas profesiones en armonía.

Lo que siempre negué hacer por culpa de remordimientos sociales, se me presentó como la oportunidad ofrecida por el Destino o por Dios o por lo que sea, forzándome a seguir con el mandato genético de escritor, cosa que no reniego, sino que me llena el alma de satisfacción. Puedo por fin comprender a mi padre y a mi abuelo y tranquilizar a mi conciencia burguesa sin sentimientos de culpa.

Reconozco que hoy soy feliz escribiendo, y son tantas las cosas que tengo para decir, que nunca me alcanzan las palabras ni los tiempos.

http://autorliterario.wix.com/eduardo-arcuri

Google: eduardo jorge arcuri

Como empecé a escribir

COMO EMPECÉ A ESCRIBIR

Siendo hijo de escritor y nieto de otro escritor por parte de madre, he conocido la profesión por sus consecuencias. Ninguno de los dos personajes sanguíneos me dejó una recia imagen de cómo sostener un hogar, con la solvencia económica que se supone, debía corresponder a toda familia burguesa.

Aunque me tentaba leer y escribir, siempre lo hice a escondidas y con sentimiento de culpa; el mandato era “trabajar”. Leía todo el tiempo y escribía a escondidas por temor al reproche del que habían sido víctimas tanto mi padre como mi abuelo materno, considerados por la familia, como un par de vagos inconscientes.

Hice mi secundaria en una escuela técnica que me asegurara tener un oficio rentable, y al cabo de seis años, me recibí de técnico electromecánico, no obstante, seguía escribiendo y leyendo mucho más que libros técnicos. Seguí carreras técnicas universitarias y hasta trabajé en el escalafón científico técnico del Instituto Nacional de Tecnología Industrial. En todo momento seguí escribiendo “para consumo interno”, según me justifiqué muchas veces.

Con los años y mis experiencias en el área de la Física Mecánica, tuve mi propia empresa. La crisis económica que comenzó en 1996 y explotó en el año 2001, en Argentina, hizo que nos fundieran mis clientes deudores. Enfermé por la bronca y la impotencia que me producía la corrupción y los políticos inoperantes de entonces. Una afección medular me dejó cuadripléjico en cuestión de semanas. Estábamos fundidos y sin obra social. Internado en terapia intensiva de un hospital público, la embarré peor sufriendo un infarto agudo de miocardio. Todas estas convalecencias me dejaron al borde de la muerte siendo un hombre joven aún.

Por amor a mi mujer y el sostén de mi familia, conseguí no entregarme y después de un largo tiempo, pude salir del hospital en silla de ruedas. Había recuperado miembros superiores, pero mis piernas ya no podían caminar. No creo en dioses, pero sí debo reconocer que estas circunstancias me llevaron a tener que sobrevivir de la escritura. Con mi silla de ruedas podía enfrentarme al ordenador y volcar en él miles de palabras en historias secretas. Conseguí trabajo en una editorial para escribir gratis artículos en unas revistas literarias. Yo estaba justificado, siendo discapacitado motriz, nadie podía reprocharme sentarme a escribir después de mis ejercicios de rehabilitación. Pasaba horas leyendo y escribiendo. Ni yo mismo podía culparme de ser un vago bohemio, todo lo tenía justificado. Hice muchos cursos por Internet y busqué capacitarme en esta negada profesión. Para cuando recuperé la motricidad en miembros inferiores, y por fin pude aprender a caminar otra vez, proseguí mis trabajos técnicos, pero esta vez como asesor. Mientras tanto, mi nuevo empleo de escritor había comenzado a dar sus frutos y pude seguir con ambas profesiones en armonía.

Lo que siempre negué hacer por culpa de remordimientos sociales, se me presentó como la oportunidad ofrecida por el Destino o por Dios o por lo que sea, forzándome a seguir con el mandato genético de escritor, cosa que no reniego, sino que me llena el alma de satisfacción. Puedo por fin comprender a mi padre y a mi abuelo y tranquilizar a mi conciencia burguesa sin sentimientos de culpa.

Reconozco que hoy soy feliz escribiendo, y son tantas las cosas que tengo para decir, que nunca me alcanzan las palabras ni los tiempos.